Esta teoría de los actos de habla, también conocida como filosofía del lenguaje común u ordinario, en la filosofía y como pragmática filosófica en la lingüística. John L. Austin (en Palabras y cosas, 1962) y Jonh Searle (en Actos de habla, 1968), en lugar de interesarse excluyentemente por el modo en que el lenguaje puede transmitir o no la verdad en un discurso científico, estudiaron también el modo en que funciona el lenguaje en distintas situaciones cotidianas. Así, coinciden en proponer que referir y afirmar (realizar enunciados acerca de estados de las cosas en el mundo) no es la única (ni siquiera la principal) función del lenguaje.

Estos autores proponen que, al decir algo, realizamos una serie de acciones que corresponden a varios niveles distintos. Por un lado, producimos ciertos sonidos que se amoldan al vocabulario y a la gramática de una lengua determinada y que tienen cierto significado. Austin sostuvo que esos fenómenos se agrupan en un único nivel (al que llamó acto locucionario), mientras que Searle los dividió en dos niveles distintos: un acto de emisión (de palabras o cualquier otra unidad lingüística) y un acto proposicional (que incluye referir a ciertas entidades en el mundo y predicar algo acerca de ellas). Por otro lado, observan Austin y Searle, con una emisión también llevamos a cabo acciones típicamente lingüísticas (pero no siempre), codificadas socialmente, como un pedido, una orden, una amenaza, una promesa, esto es, actos ilocucionarios o actos de habla.Por último, las emisiones también tienen actos o efectos perlocucionarios, esto es, provocan ciertas consecuencias en las acciones, pensamientos o creencias de los oyentes.
En los actos de habla se deben considerar:
El decir: acto LOCUTIVO
La intención de ese decir: acto ILOCUTIVO
El efecto que ese decir tiene en el receptor: acto PERLOCUTIVO
Desde ese punto se distinguen los siguientes actos de habla (orales o escritos):
Directos
Es cuando la intención del emisor es completamente comprendida por el destinatario, pues está clara y no necesita mayor explicación. Por ejemplo: "Levántate, tienes que ir al colegio".
En este caso, la oración refleja nítidamente lo que quiere decir el emisor y es por ello que es un acto de habla directo.
Indirectos
Es cuando el mensaje no queda totalmente expreso, sino que éste se presta para confusiones u otras interpretaciones por parte del receptor. Por ejemplo: "Mañana te despertaré temprano".
En la oración anterior no queda clarificado el para qué se efectuará esa acción, con qué fin el receptor será despertado al día siguiente a una hora temprana. Si bien, tomando el primer ejemplo, podemos inferir que será para ir al colegio, esa intención no está tácita en la secuencia de palabras.
Clasificación de los Actos de Habla
Asertivos o representativos
El emisor AFIRMA O NIEGA algo con mucha convicción, con la idea de aclarar lo que desea decir o informar. Por ejemplo: "Estoy en desacuerdo contigo".
Expresivos
Quien habla transmite su interioridad, su estado afectivo o emocional. Por ejemplo: "Eres tan tierno conmigo…"
Directivos o apelativos
El hablante busca persuadir al oyente o lector y lograr que realice una acción determinada, puede ser una orden en forma de pregunta, solicitud o simplemente utilizando el imperativo. Por ejemplo: ¿Has visto a mi padre?, o "Dame un par de minutos, ya regreso".
Compromisorios
El emisor adquiere un fin, asume un compromiso, independiente si lo cumple o no. Por ejemplo: "Te prometo que el viernes será inolvidable"
Declarativos
El hablante busca modificar alguna situación, para ello posee un grado de autoridad al enunciar ciertas palabras, pudiendo enmarcársele en contextos solemnes.
Se subentiende que quien pronuncie esos enunciados cuenta con un reconocimiento oficial o público, que le da valor y peso a sus palabras en ciertos momentos (sea juez, religioso, policía, jefe, etc.). Por ejemplo: "Se condena a prisión por el delito de homicidio simple."